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Nuestro FELIZ encuentro..en un proceso no tan feliz

Francesca se hizo esperar y se negaba a salir así que resultó una cesárea no programada el día 26 de abril, intensa experiencia por suerte todo salió bárbaro y estamos desbordados de felicidad y embobados con nuestra hermosa hija. Aprendiendo y conociéndonos, pero sin dudas fue amor a primera vista.

Para ser sincera me habían vendido la cesárea como un trámite; rápido y sencillo, y debo admitir que no me pareció para nada así. No puedo compararlo con el parto vaginal, ni opinar al respecto dado que no lo viví, pero puedo decirles que me siento ALTA MADRE por haber pasado por lo que pasé, y aún transitando y padeciendo el post parto, sabiendo que aún me queda un largo camino.

Cuando ingresé al quirófano estaba nerviosa (jamás me operé ni un dedo), y a la vez tranquila, no iba a sentir dolor e iba estar acompañada de mi novio. Una vez me anestesiaron y me acostaron en la camilla entró él y se ubicó a mi lado, antes de comenzar le dije "hablemos de cualquier cosa" apenas arrancó, al segundo cambié por "háblame vos" y al instante siguiente ya no hablaba ninguno. El simplemente veía mis caras de terror. Había imaginado que iba a reír y contar anécdotas mientras esperaba conocer a mi bebe.

No sentía dolor, no, pero sentía TODO, como me sacudían, la sensación de que me abrían y estiraban mi piel con un especie de expansor, y de pronto al momento de sacar al bebe mi obstetra me advierte: "vas a sentir una presión en el pecho". Recuerdo sentir como si me aplastaran con una pared, quizás algo exagerada pero por un segundo creí que me partían al medio y me moría ahí. Por suerte toda esa sensación quedó opacada por el momento en que escucho el llanto de mi beba, y cuando la posan sobre mí, bien cerca de mi cara. Esa carita hermosa recién llegada al mundo con los ojos bien abiertos me derritió el alma, comencé a hablarle y se calmó, ya ubicaba mi voz, ya teníamos una conexión especial. Después se la llevaron con el papá para darle su primera vacuna y los controles correspondientes. Me quedé sola, y todavía faltaba que me cierren, mientras re acomodaban mis órganos y hablaban de mi exceso de líquido amniótico en sus términos médicos volví a tener miedo, creí que algo malo pasaba conmigo.

No, no sentí dolor, pero mi cuerpo estaba ahí super presente y escuchando todo, desde el más mínimo inconveniente o llamado de atención de los médicos, desde el exceso de líquido hasta una vuelta de cordón en el cuello de mi bebé. Una vez finalizó la cesárea me cargaron cuál bolsa de papá a otra camilla, pusieron a mi beba en mi pecho y me llevaron a la habitación post parto que teníamos asignada.

Las primeras horas y el día siguiente estuve en la cama aún anestesiada sin poder levantarme ni mover las piernas. Las sentía, estaban ahí pero aunque me concentrara cuál telepatía no lograba moverlas. El segundo día me paré por primera vez, fue el peor dolor que haya sentido, quería quedarme en esa cama para siempre o al menos hasta que me sacaran los puntos y sanara. Necesité ayuda para TODO, en especial para levantarme y caminar, cada paso una agonía. Los puntos a flor de piel, y la panza con menos kilos, pero blanda como un flan, parece vacía y a la vez como si aún hubiera algo vivo adentro, pero algo endemoniado. Todavía siento movimientos internos; mientras el útero vuelve a su tamaño y se re acomoda.

De a poco empecé a caminar cuál tortuga chueca. Y por momentos entre las gracias de ser padres primerizos me reía, el peor error. Terminar tentada y llorando del dolor al mismo tiempo.

Y mientras estas adolorida, con pérdidas, sin fuerza, ínfima movilidad, hay una vida que depende de vos, y a la que queres poder disfrutar y dedicarle tu 100%, pero estas al 30%, haces todo lo que podes, seguís poniendo el cuerpo para alimentarla y mimarla. Pero ni siquiera podía alzarla sola, el papá tenía que levantarla y acercármela siempre. Y estas aprendiendo a amamantar y abrumada por los distintos y a veces contradictorios consejos y observaciones de la puericultora y las enfermeras; que no sale, que no está bien formado, que no agarra, que está pose si, esa no, sentada, que mejor en la cama, y sentirte una inútil o un tanto deforme. El estrés, la presión, la frustración, por momentos te angustias pensando si no la estás alimentando bien, y a la vez sentís que te retan como si ese bebe no te perteneciera aún..

En nuestros 3 días de estadía en el sanatorio no dormimos LITERAL, con suerte 2hs en acumulado total. Entre estar pendientes de la beba, la emoción, pasados de rosca, darle pecho casa 3hs, y que cuando cerras un ojo entra otra enfermera para algún control. Y vos siempre medio en bolas y hecha mierda por supuesto. Sensualidad y privacidad cero. Obvio súper atentos, te sentís re cuidado y más allá de ser un poco invasivo, la ayuda constante y los consejos excesivos de los expertos trae sus frutos, más que agradecida. No obstante la necesidad de estar en nuestro espacio personal, nuestro hogar, nuestras reglas.

Recién llegados a casa, felices de poder compartir los 3 solos, desde los detalles más cotidianos, descubrimos lo hinchadas que tenía las piernas por la retención de líquido y falta de movilidad. Al día de hoy aún no cambié 1 solo pañal, todavía no puedo agacharme, ni hacer o soportar movimientos bruscos con la beba. Por suerte, él se ocupó de todo, un GRANDE PA, en mayúscula, como corresponde. El post parto te pone a prueba en todos los sentidos, saca lo mejor y lo peor de cada uno, y a la vez te demuestra que es AMOR. Aunque en un dígalo con mímica en pareja salimos perdiendo, sumado al dolor y las incomodidades, durante los primeros días te recomiendan no hablar porque se llena el estómago de aire, entonces necesitas ayuda para todo y a la vez tenes que pedirla con señas..

Pero más allá de todo, crear una vida y ser padres es el desafío más lindo que me tocó vivir..y no dudo más allá de sus incomodidades, miedos y altibajos, será una hermosa gran aventura.

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